La importancia de un poema como este es la forma en la que nos aterriza en la naturaleza cambiante del cuerpo humano y en los actos sagrados de tránsito.

Quetzal León
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La Morada

Ilustraciones de Andrés Rodríguez
Traducción-versión de Jessica Díaz

Sobre La morada

La morada es nuestra versión particular del poema La sepultura, poema medieval escrito en el siglo xii en anglosajón por un monje benedictino desconocido, pero aparentemente su versión final es del siglo XIII. Borges nos remite a este poema en una nota aparecida en El Clarín de Buenos Aires el 19 de octubre de 1978.1 En ella hace notar el poema incluido en Poetry and Prose of the An­glo-Saxons (Halle, 1960) y nos refiere a dos versiones, una escrita por Henry Wadsworth Longfellow y otra por G.K. Anderson, a la que atribuye poca relevancia. Así pues, Borges realiza una traducción —o versión propia— a partir de la de Longfellow.

Cuando este proyecto llegó a nosotros por medio de Mónica Bergna, Andrés Rodríguez se había basado en la versión de Borges para la realización de las ilustraciones y para la creación del discurso narrativo visual, en ese punto el libro como proyecto gráfico estaba ya maduro, y si bien requería de ajustes y retrabajo de algunas imágenes, teníamos un libro potente ante nuestros ojos. Nuestra primera tentación fue utilizar el texto de Borges, sin embargo, tras meditarlo y al haber varias versiones del poema, preferimos realizar una traducción propia que nos diera una nueva perspectiva. Partimos de la versión de Longfellow para la traducción-versión que aparece en estas páginas, pues en términos estrictos y como ha sido ya bien discutido, cada vez que se hace una traducción se crea a la par una versión distinta del original. Cada lengua y su estructura permiten cosas distintas, qué decir de la distancia temporal y espacial que pueden separar a un traductor de otro, ahí es en donde la traducción tiene una magia, pues filtra y decanta —y a veces traiciona—, la palabra original.

La importancia de un poema como este, aun siglos después de haberse escrito, es la forma en la que nos hace aterrizar de golpe en la naturaleza biológica-matérica cambiante del cuerpo humano, y a la vez confrontarnos con las ideas y actos sagrados asociados con la muerte. En un cierto sentido alquímico, ambos son actos de tránsito.

Los Editores

1. Nota recopilada en: Jorge Luis Borges, Textos recobrados (1956-1986), De Bolsillo, 2015.

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